La decisión anunciada el 31 de julio de 2026 de permitir un paso adicional en el proceso del proyecto Esencia en Cabo Rojo merece un análisis serio y responsable, particularmente ante las preocupaciones expresadas por científicos, organizaciones ambientales y residentes de la zona.
Siempre he creído que Puerto Rico necesita desarrollo económico. Nuestro país necesita inversión, empleos y crecimiento. Sin embargo, el verdadero desarrollo no puede darse a costa de nuestros recursos naturales ni de la calidad de vida de las comunidades.
No podemos aprobar proyectos preguntándonos cuánto dinero traerán sin antes preguntarnos si habrá agua para quienes ya viven allí.
Cada vez que evaluamos un proyecto de infraestructura, esa debe ser la primera pregunta. Cabo Rojo ha enfrentado por años problemas de disponibilidad de agua. Hay comunidades que experimentan interrupciones en el servicio y conocen de primera mano lo que significa vivir con incertidumbre sobre un recurso tan esencial. Antes de aprobar proyectos de gran escala, el país merece conocer con absoluta transparencia de dónde saldrá el agua y cómo se garantizará que las familias, los comercios existentes y las futuras generaciones no se verán afectadas.
Igualmente, es indispensable proteger nuestros recursos naturales, respetar las áreas ambientalmente sensibles y garantizar el acceso público a nuestras playas, que pertenecen a todos los puertorriqueños.
No se trata de escoger entre desarrollo económico o conservación. Puerto Rico puede y debe hacer ambas cosas. Pero el desarrollo del siglo XXI tiene que ser sostenible, basado en evidencia científica y planificado con responsabilidad.
Como senadora, continuaré fiscalizando que las decisiones del gobierno coloquen en primer lugar el bienestar de nuestras comunidades, la seguridad de nuestros recursos hídricos y la protección de nuestro patrimonio natural.
El progreso no se mide únicamente por la inversión que llega, sino también por la capacidad de garantizar agua, proteger nuestros recursos naturales y preservar la calidad de vida de quienes llaman a Cabo Rojo su hogar.

