El agua es vida. ¿Cuántas veces escuchamos esta frase a lo largo de nuestra vida? Cientos. Sin embargo, al parecer, al gobierno de turno se le olvida el efecto nefasto que tiene la ausencia de este servicio esencial en la vida de los puertorriqueños. Lo más triste es que el tema del agua se convirtió en una crisis dividida en: residentes del área metropolitana versus el resto de la isla.
Cuando la falta de acceso toca las puertas de los residentes de San Juan y pueblos limítrofes entonces el gobierno da la impresión que trabaja para resolver el problema. Es cuando el tema ocupa las primeras planas de los periódicos, genera titulares y provoca reacciones inmediatas por parte del gobierno. Sin embargo, hay pueblos en Puerto Rico que llevan años enfrentando y lidiando con el problema que representa la falta de acceso al agua potable que proporciona la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA).
Hatillo, Morovis, Quebradillas, Barceloneta, por mencionar algunos durante décadas registran problemas constantes en el servicio. Detrás de cada interrupción hay historias humanas que muchas veces pasan inadvertidas. Adultos mayores, personas encamadas, madres jefas de familia quienes a diario enfrentan riesgos de salud tanto físicos como emocionales por la falta de agua. Para ellos la ausencia de agua es una realidad diaria.
A estos se suman los altos costos incurridos por ciudadanos para suplirse del preciado líquido. En Hatillo, residentes invierten miles de dólares por garantizar el acceso a un servicio que es responsabilidad del gobierno proveer. La compra de más de una cisterna, motores de cisternas que tienen que reemplazarse periódicamente debido al uso constante y la compra de agua embotellada en cantidades extraordinarias son algunos ejemplos de los gastos en los que incurren.
En el caso de los municipios, los alcaldes asumen responsabilidades del gobierno central y añaden obligaciones a sus presupuestos para tratar de ofrecer alternativas a los constituyentes. Compra e instalación de cisternas, en comunidades enteras, compra de camiones cisternas, agua embotellada, alquiler de vehículos y equipo también se suman a las gestiones que realizan. Tristemente , a pesar de lo descrito cuando se realiza un análisis profundo salen a relucir situaciones sin atender por parte de la AAA que incluyen salideros, una infraestructura ineficiente, crecimiento urbano desmedido y hasta robo de agua.
Para mi, la crisis de agua va más allá del pueblo donde se registre la falta del servicio. La crisis del agua es una crisis de país. Los puertorriqueños merecen una vida digna y carecer de este servicio esencial es inaceptable, intolerable y abusivo. Es una situación que no se resuelve con publicar anuncios pagados en los principales medios de comunicación del país para donde presentan una supuesta inversión en el sistema de infraestructura de la AAA. El agua es vida y eso reclaman a gritos residentes y alcaldes. Hay que tomar acciones concretas que resuelvan de una vez y por todas este problema sin importar si afecta al área metropolitana o al resto del país.

