Por: José E. Cajigas Romero / Presidente de la Unión Independiente Auténtica de Empleados de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (UIA-AAA)
Durante las últimas semanas, los trabajadores de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados hemos vivido un proceso intenso. Hubo propuestas, contrapropuestas, reuniones, diferencias y momentos en los que parecía difícil encontrar un punto de encuentro. Pero también hubo algo que nunca faltó: voluntad de defender responsablemente los intereses de nuestra matrícula.
El domingo, 27 de septiembre la UIA tuvo su Asamblea Extraordinaria donde nuestros unionados tuvieron ante sí el resultado de ese proceso. Escucharon, evaluaron y decidieron. El respaldo prácticamente unánime a los acuerdos alcanzados sobre el Plan de Clasificación y Retribución envió un mensaje claro: cuando se negocia con firmeza, pero también con apertura al diálogo, es posible avanzar.
Esta determinación no significa que todo haya terminado. Todavía quedan procesos administrativos que deben completarse antes de que el nuevo plan pueda entrar en vigor. Precisamente por eso, este momento requiere la misma responsabilidad y diligencia que hicieron posible llegar hasta aquí.
Nuestra matrícula esperó durante años por una revisión de su estructura salarial. Durante ese tiempo continuó operando plantas, reparando averías, atendiendo emergencias y sosteniendo diariamente uno de los servicios más esenciales del país.
El acuerdo alcanzado tampoco apareció espontáneamente. Fue producto de trabajadores que participaron, se expresaron y respaldaron a su organización durante un proceso que tuvo momentos difíciles.
Como presidente de la UIA, considero igualmente importante reconocer que negociar requiere disposición de ambas partes para encontrar espacios de entendimiento. Las diferencias pueden ser profundas sin que el diálogo tenga que desaparecer. Ahora corresponde completar responsablemente el camino comenzado.
Puerto Rico necesita instituciones donde los trabajadores puedan reclamar, la administración pueda escuchar y las diferencias puedan transformarse en soluciones. Porque el verdadero resultado de una negociación no se mide solamente en lo que queda escrito en un documento.
Se mide también en la confianza que produce saber que la voz de los trabajadores fue escuchada, su voto fue respetado y su participación hizo la diferencia.

