Por Alexandra Peña Cartagena, RN, MSN / Enfermera especialista en rol administrativo
¿En un momento en que Puerto Rico enfrenta importantes desafíos relacionados con la natalidad, cómo puede el sistema de salud fortalecer la atención al duelo gestacional para acompañar mejor a las familias, proteger su salud mental y promover un cuidado integral?
La aprobación de la Ley 42-2026 representa un paso significativo hacia una atención más humana y compasiva para las familias que enfrentan una pérdida gestacional. Esta legislación reconoce que el impacto de esta experiencia no depende exclusivamente de las semanas de embarazo, sino del vínculo, la esperanza y el amor que ya existían por esa vida.
La ley permite que madres y padres soliciten la entrega de los restos fetales para brindarles una disposición digna mediante sepultura o cremación a través de funerarias autorizadas. Además, dispone la realización de un certificado por parte del Departamento de Salud para su inscripción en el Registro Demográfico. Más allá de establecer un nuevo proceso, la Ley 42-2026 reconoce el derecho de las familias a despedirse con dignidad y a vivir su duelo con el respeto y la sensibilidad que merece.
Sin embargo, el verdadero impacto de esta legislación dependerá de cómo el sistema de salud la implemente. Su aprobación representa una oportunidad para que los hospitales fortalezcan sus protocolos, capaciten a su personal y desarrollen modelos de atención centrados en la persona, donde la comunicación, la empatía y el acompañamiento sean parte esencial del cuidado.
La pérdida gestacional no concluye con el procedimiento médico. Para muchas familias, el alta hospitalaria marca el inicio de un proceso de duelo que puede afectar profundamente su salud mental, sus relaciones familiares y su bienestar. La tristeza, la ansiedad, los sentimientos de culpa y el aislamiento son respuestas que requieren ser reconocidas y atendidas oportunamente.
Por ello, resulta indispensable avanzar hacia un modelo de atención integral que incorpore el apoyo psicológico, el acompañamiento espiritual, el trabajo social y la continuidad de los servicios luego del alta. La creación de rutas de referidos, grupos de apoyo y procesos de seguimiento permite ofrecer una atención más completa y fortalecer la recuperación emocional de madres y padres.
La implementación de la Ley 42-2026 también representa una oportunidad para educar sobre el duelo gestacional y perinatal. Sensibilizar a los profesionales de la salud y a la comunidad contribuye a reducir el estigma, validar el dolor de las familias y promover una cultura de mayor empatía y respeto.
Como profesionales de la salud y administradores de servicios, estamos llamados a transformar esta legislación en acciones concretas que fortalezcan la calidad y la humanización de la atención hospitalaria. Cumplir con la ley es indispensable, pero su verdadero valor radica en convertir cada encuentro con una familia en una experiencia de cuidado respetuoso, compasivo y centrado en sus necesidades.
La Ley 42-2026 nos invita a comprender que la salud materna no termina con el nacimiento ni con la pérdida de un embarazo. Acompañar con dignidad, proteger la salud mental y garantizar la continuidad del cuidado fortalece la confianza de las familias en el sistema de salud.
En un Puerto Rico que enfrenta importantes desafíos demográficos y una disminución en la natalidad, construir un modelo de atención más humano y seguro también significa cuidar a las madres y los padres en cada etapa de su trayectoria reproductiva. Aunque ninguna intervención elimina el dolor de una pérdida, un acompañamiento integral, compasivo y continuo puede ayudar a que las familias transiten su duelo con mayor apoyo y esperanza. Además, cuando se sientan preparadas, puedan afrontar futuros embarazos con mayor confianza, sintiéndose respaldadas por un sistema de salud que las acompañó con respeto, sensibilidad y dignidad en uno de los momentos más difíciles de sus vidas.

