Durante las pasadas semanas el país se encuentra inmerso en las determinaciones por parte del gobierno central sobre el manejo del agua potable tras la sequía registrada en diferentes municipios de la isla. Sin embargo, la crisis va más allá de las interrupciones en el servicio, la misma incide en la imagen de la isla a nivel internacional. Las imágenes de ciudadanos en busca de satisfacer sus necesidades básicas así como las dificultades que enfrentan negocios y servicios trascienden fronteras.
En un mundo donde las imágenes tienen consecuencias y la reputación juega un rol protagónico en las decisiones de las personas, prolongar la crisis de acceso al agua puede generar una crisis de confianza así como un estancamiento en el desarrollo de la isla. Al ver las imágenes a través de canales internacionales me pregunto si Puerto Rico en realidad es un país adelantado o si esta situación lo compara con países que en un momento fueron definidos como tercermundistas. Hoy, en pleno 2026, es inaceptable que el país carezca del servicio debido a problemas de infraestructura que durante décadas fueron denunciados por alcaldes y legisladores.
Tan reciente como en febrero pasado, la gobernadora Jenniffer González, anunció la distribución de $213.4 millones en fondos federales destinados a proyectos estratégicos de infraestructura de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA). Según informó, la inversión busca modernizar instalaciones críticas, fortalecer la resiliencia del sistema y mejorar la confiabilidad del servicio para miles de familias en toda la isla. Tristemente, los anuncios se quedan en eso, en anuncios.
La falta de agua representa un problema crucial para el desarrollo del pueblo. Restaurantes, lavanderías, negocios de lavado de autos, se afectan por la falta del servicio. Propietarios de hoteles responden a preguntas de posibles huéspedes sobre si el lugar cuenta con cisternas, generadores eléctricos y otros, con el fin de decidir si viajan a Puerto Rico o cambian el destino.
Ante esta crisis también cuestiono como la misma afecta la intención por parte de inversionistas de escoger a Puerto Rico como el lugar para establecer su negocio. ¿Cómo esta situación afecta el desarrollo de proyectos comerciales, residenciales y de manufactura? ¿Como la falta de agua incide en las actividades cotidianas de los puertorriqueños, en su mayoría adultos mayores, muchos que viven solos y otros que se encuentran encamados?
Le toca a la gobernadora presentar un plan estratégico, real y transparente sobre cómo manejará esta situación. A mi juicio, lo más difícil para el gobierno es recuperar la imagen y la confianza a nivel internacional. Evidenciar que el problema está superado, que se llevan a cabo medidas concretas y se adelanta en la ejecución de trabajos que reforzarán la infraestructura de agua potable, es cuesta arriba. Peor aún, es cómo la ineficiencia del servicio y el deterioro de la imagen de la isla internacionalmente estanca el progreso que el país aspira. Mientras esto ocurre, el mundo mira a Puerto Rico y la pregunta es ¿Cómo el gobierno quiere que nos vean?

