Propuestas enfocadas en la seguridad alimentaria, la innovación agrícola, la preservación del patrimonio y el fortalecimiento de la vida comunitaria fueron reconocidas por el Colegio de Arquitectos y Arquitectos Paisajistas de Puerto Rico (CAAPPR) durante la entrega de los Premios de Fin de Carrera 2026, celebrada como parte de la 48.ª Convención Anual de la organización.
La competencia destaca los mejores proyectos académicos desarrollados por egresados de arquitectura y arquitectura paisajista durante los pasados cinco años, con el propósito de reconocer la excelencia en diseño y la capacidad de las nuevas generaciones para responder a los desafíos contemporáneos del país.
El máximo galardón de la edición 2026 fue otorgado a “Agri-tectura: Intervenciones para la producción agrónoma”, de la arquitecta Eixanette Laytung Bardeguez. El jurado destacó que la propuesta sobresale por su capacidad para abordar algunos de los retos más urgentes de Puerto Rico, entre ellos la resiliencia, la autosuficiencia y la seguridad alimentaria.
Inspirado en el Valle de Lajas y en su histórica vocación agrícola, el proyecto plantea el desarrollo de un corredor biotecnológico que transforma la arquitectura agrícola en una plataforma para el intercambio de conocimiento, tecnología y producción sostenible.
Según los evaluadores, la propuesta demuestra cómo la arquitectura puede convertirse en una herramienta para integrar sistemas productivos, ecológicos y educativos, contribuyendo a la búsqueda de soluciones innovadoras frente a los desafíos ambientales y económicos del país.
Por otro lado, el proyecto “Central los Arrimados: Centro Cultural Intergeneracional”, de Raiza M. Vargas Marfisi, recibió el reconocimiento como Mejor Proyecto en la Categoría de Edificio Comercial, Institucional o Dotacional.
La propuesta plantea una nueva visión para la antigua Central Mercedita en Ponce, transformándola en un espacio destinado al intercambio cultural, educativo y comunitario entre distintas generaciones. El diseño busca revitalizar la memoria colectiva de la región mediante la reutilización del patrimonio arquitectónico, sin recurrir a reconstrucciones nostálgicas, sino reinterpretando el valor histórico del lugar para responder a las necesidades actuales de la comunidad.
El jurado señaló que los Premios de Fin de Carrera representan una oportunidad única para que los estudiantes examinen críticamente su formación académica y exploren nuevas maneras de responder a los desafíos que enfrentan Puerto Rico y otras regiones del mundo.
Asimismo, destacó que los proyectos reconocidos este año evidenciaron una visión más integral de la arquitectura, caracterizada por una mayor claridad conceptual, sensibilidad social y territorial, así como por la integración efectiva de investigación, diseño y soluciones técnicas.
La evaluación estuvo a cargo de un jurado compuesto por las arquitectas Mariela Bravo, Brenda García-Sosa y Mabel Plascencia, junto a los arquitectos Armando Rigau y Ramón Irrizarry, quienes coincidieron en que las propuestas premiadas reflejan el potencial de la arquitectura para generar transformaciones significativas en las comunidades y contribuir al desarrollo sostenible del país.

