Ante la nueva realidad demográfica de Puerto Rico y el envejecimiento de la fuerza laboral, un grupo de universidades respaldó implementar la modalidad conocida como aprendizaje permanente o “lifelong learning” con un enfoque en el desarrollo educativo para la población de adultos mayores.
“El lifelong learning no solo beneficia a los adultos mayores o la fuerza laboral madura, sino que fortalece el capital humano del país, promueve el envejecimiento activo, reduce la exclusión social y contribuye a una cultura de aprendizaje permanente que trasciende los límites tradicionales de la educación formal”, comentó el doctor Rafael Ramírez, presidente de la Universidad Interamericana de Puerto Rico (Inter).
El líder institucional reconoció este miércoles ante la Comisión de Adultos Mayores de la Cámara de Representantes, presidida por Ricardo “Chino” Ocasio Ramos, que el aprendizaje continuo representa hoy una necesidad estructural y debe diseñarse como un componente esencial de la respuesta educativa en Puerto Rico.
Ramírez compareció a una vista pública celebrada en atención a la Resolución de la Cámara 373, que investiga la disponibilidad del “lifelong learning” en el sistema educativo y la viabilidad de establecer una política pública que garantice el acceso a esta modalidad.
El estudio legislativo es impulsado por el presidente de la Cámara, Carlos “Johnny” Méndez Núñez, quien destacó en la medida que el aprendizaje a lo largo de la vida abarca personas de todas las edades con el objetivo de aumentar el conocimiento y mejorar las competencias cívicas, sociales o de empleabilidad.
El representante Ocasio Ramos adelantó que, luego de rendir un informe sobre el análisis legislativo, perseguirá presentar legislación que acelere el desarrollo de estos programas en instituciones privadas y públicas “para que nuestros adultos mayores tengan mayores oportunidades en la vida”.
Mientras, el presidente de la Inter aseguró que esta modalidad se practica a través de ciertos programas establecidos en algunas universidades de Puerto Rico, aunque todavía es fragmentada, limitada en recursos y con escasa visibilidad. Ejemplo de ello es el proyecto “Universidad Sin Grado”, una iniciativa académica no conducente a grado ofrecida en la Inter y orientada a los adultos mayores interesados en temas de humanidades, cultura, historia, filosofía, literatura y pensamiento crítico.
Según explicó Ramírez, el programa persigue incentivar la participación de personas jubiladas o en etapa de retiro en espacios universitarios, promoviendo el aprendizaje significativo y el intercambio intergeneracional.
Por su parte, el ingeniero Ernesto Vázquez, presidente de la Universidad Politécnica de Puerto Rico (UPPR), indicó que la institución ha observado un incremento en la matrícula de profesionales mayores de 50 años que desean actualizar sus destrezas o personas jubiladas que buscan reinsertarse en la fuerza laboral.
También destacó un alza en la admisión de adultos mayores interesados en competencias digitales y formación en temas tecnológicos, por lo que la UPPR ha fortalecido los productos académicos a través de su División de Educación Continua. Entre ellos, talleres en alfabetización digital, entrenamientos en seguridad cibernética y certificaciones sin requerir grados académicos previos.
Vázquez aseguró que la UPPR está dispuesta a colaborar en la creación de una plataforma de “lifelong learning” que permita un sistema unificado de cursos cortos o microcredenciales, que incluyan el reconocimiento de aprendizaje anterior y experiencia profesional.
“La UPPR entiende que el modelo de lifelong learning debe concebirse como un principio rector de política pública educativa y labora, y no como un derecho subjetivo justiciable”, expresó Vázquez, a la vez que recomendó la coordinación con organismos acreditadores existentes y evitar la imposición de currículos sin financiamiento adecuado.
Abogan por esfuerzos combinados
La doctora Zobeida González, quien ha estudiado las oportunidades de educación superior disponibles para adultos mayores, realizó un llamado a la colaboración entre el gobierno, la academia y el sector privado ante la creciente demanda de esta población en los programas de educación continua.
La académica detalló que la cantidad de adultos mayores que permanecen en la fuerza laboral es de 174,000 en el renglón de 55 años o más, de acuerdo con las estadísticas más recientes del Departamento del Trabajo y Recursos Humanos. Según la agencia, otras 34,000 personas en el renglón de 65 años o más forman parte del mercado laboral.
“Es importante señalar que el adulto mayor posee, en términos generales, las mismas cualidades profesionales: alto sentido de responsabilidad, lealtad a la empresa, adaptabilidad, disposición y capacidad para readiestrarse”, aseguró González.
Con su planteamiento coincidió el director estatal de AARP Puerto Rico, José Acarón, quien abogó por una medida de política pública que establezca los lineamientos para este tipo de educación en Puerto Rico a raíz de la resolución investigativa.
Acarón instó a la creación de espacios académicos intergeneracionales y campañas de reclutamiento centradas en segmentos poblacionales no tradicionales como algunas de las estrategias de “innovación social” que deben efectuar las universidades.
En los trabajos de la vista pública también participaron los representantes Luis Pérez Ortiz, Nelie Lebrón Robles, Sergio Estévez Vélez y Lisie Burgos Muñiz.
