Hace dos siglos, cada 28 de diciembre, Hatillo celebra el Festival de Las Máscaras. Una tradición, que según expertos, llegó a Hatillo de las Islas Canarias. Desde 1823, fecha de fundación del pueblo, los hatillanos celebran el festival el cual se caracteriza por sus colores y el desfile de miles de corredores de máscaras quienes recorren las calles del pueblo en grupos o comparsas.
A pesar de los pocos incidentes que ocurren, lamentablemente, estos toman notoriedad y trastocan el verdadero significado del festival: preservar las costumbres y tradiciones de un pueblo. Quienes conocen a profundidad el festival saben que miles de personas durante todo el año comparten en la logística y preparación de las carrozas. Esto incluye familias completas donde mamá, papá, hijos, abuelos y otros, se unen para coordinar detalles que van desde el tema del grupo hasta las fiestas para celebrar la Navidad.
Son largas las horas y el dinero invertido para que cada 28 de diciembre los residentes y visitantes, tanto locales como extranjeros, disfruten de un encuentro que pone de manifiesto la creatividad, la unión y el amor por el Festival de Las Máscaras. Es indescriptible el rostro de alegría y emoción de grandes y pequeños al recibir sus trajes de máscaras, una pieza de arte que puede exhibirse en el mejor museo. A ello se suma, la decoración de las carrozas y vehículos sin capota que permiten el despliegue de los corredores.
Reuniones para diseñar, construir y coordinar son parte de los preparativos para asegurarse que ese 28 de diciembre todo quede perfecto. La tan esperada fiesta de Navidad del grupo es otro encuentro que promueve la unión familiar entre los corredores. Algunos grupos también realizan las denominadas sandwichadas como preámbulo a la celebración del Día de las Máscaras.
Los niños de 3 a 14 años de edad también disfrutan el 27 de diciembre de la actividad de Los Inocentes. Un encuentro que se realiza en la plaza pública de Hatillo y que permite a los niños y niñas crear sus coronas, vestir atuendos de máscaras y hasta desfilar. Es común ver a los pequeños acompañados de adultos correr detrás de vehículos de batería que en ocasiones simulan los Jeeps de máscaras decorados. Un espacio que les permite conocer el origen y la historia del festival el cual se basa en el relato bíblico que describe cuando el rey Herodes envió a sus soldados a buscar al Niñito Jesús. Son esos soldados los que representa cada enmascarado que corre el 28 de diciembre por las calles de Hatillo.
El festival también tiene un impacto significativo en el desarrollo del pueblo que recibe más de 70 mil visitantes sumados a los casi 10 mil corredores de máscaras. Los hatillanos aman el festival y otros como yo, que lo adoptamos al llegar a Hatillo, disfrutamos su significado, la creatividad y el arte de cada grupo que se esmera por perpetuar la tradición.

